Con profundo dolor y pesar, la comunidad educativa del Liceo Eleuterio Ramírez de Osorno rindió un sentido homenaje póstumo a su querido estudiante de 4º año medio C, Marco David Alvarado Ojeda.
Sergio Quilodrán, su profesor jefe, lo recordó como un
Joven que destacó por su alegría, fe, generosidad y permanente espíritu de compañerismo, cualidades que dejaron una huella imborrable en compañeros, docentes, asistentes de la educación y en todos quienes tuvieron la oportunidad de conocerlo y quien hasta el viernes recién pasado asistió a clases normales”
En un gesto cargado de simbolismo y emoción, al paso de su cortejo fúnebre frente al establecimiento, la tradicional campana del liceo resonó una última vez en su honor. Aquella campana que durante años anunció el término de sus jornadas escolares sonó esta vez para despedir a uno de sus estudiantes más queridos. El momento estuvo marcado por el respeto, el cariño y la profunda tristeza de una comunidad que quiso acompañar a Marco en su último recorrido, manifestándole el afecto que siempre permanecerá vivo en sus corazones.
Su partida, dijo, el Director del establecimiento, Luis Sánchez,
Deja un vacío imposible de llenar, pero también un legado que permanecerá presente en la memoria de todos. Para muchos, Marco fue una palabra de aliento en momentos difíciles, un mensaje de esperanza y fe cuando más se necesitaba, y el reflejo de un joven alegre, noble y lleno de amor por los suyos. Su capacidad para transmitir cercanía, optimismo y afecto convirtió su vida en una inspiración para quienes compartieron con él”.
Por su parte, Martina Laborde, del Centro General de Estudiante, expresó que el
Recuerdo de Marco seguirá acompañando cada espacio del establecimiento, en las aulas, los patios y en cada generación que transite por sus pasillos. Hasta siempre, Marco. Tu paso por nuestro liceo nunca será olvidado», señaló con emoción, reflejando el sentir de toda una comunidad que hoy llora su partida, pero que también agradece profundamente la oportunidad de haber compartido parte de su camino junto a él.
La despedida continuó en el camposanto, donde cientos de personas llegaron para rendirle un último adiós. Familiares, amigos, compañeros, docentes, integrantes de la comunidad educativa y miembros de la congregación evangélica a la que pertenecía se reunieron para acompañar a sus seres queridos en este difícil momento, dando testimonio del enorme impacto que tuvo su vida en quienes lo rodearon.
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